Monday, April 28, 2014

Cruzar el charco, via Beringia

Lejos de terminar con los sumerios, quería mirar un gran panorama del Nuevo Mundo precolombino. Ya veremos "civilizaciones" en particular, pero pensé que quizás una mirada larga a las Américas podía mover un poco el avispero. El que escribe tampoco es historiador ni antropólgo ni, como Jared, ornitólogo: es periodista. Con el último periodista (el de Africa) nos fue bastante bien. Y dicen que es divertido el libro.

Con ustedes, 1491: New Revelations of the Americas Before Columbus.

Saturday, April 5, 2014

Que 10.000 años no es nada, que es azul tu mirada

by Leo Partuzza Fariña

Dejenme abogar de defensor de algo o alguien que nadie atacó. Los enemigos imaginarios son los más fáciles de vencer. En las últimas décadas hemos visto florecer muchas explicaciones evolutivas por selección, que involucran consideraciones genéticas. Las aplicaciones de estas ideas a ramas varias de la ciencia natural y social se han ido extendiendo. La biología creo que fue de las primeras. En el camino también se alteró el ritmo epistemológico de la psicología y la economía (estoy peleando hace años para que me publiquen un libro sobre las implicancias sobre la MACROeconomía). Hoy, en este maravilloso ámbito de discusión, parece tocarle a la historia. Aunque The 10.000 year explosion haya hecho explotar a más de 10.000, las explicaciones genetistas siguen avanzando. Y pese a las advertencias apocalípticas de sus detractores, no provocaron el regreso del fascismo.

Las nuevas explicaciones basadas en la genética suelen desacreditarse mucho más rápido que las explicaciones sociales o culturales. Pero ¿es justo esto? La verdad es que éstas últimas a veces se aceptan porque, además de su corrección política, su contenido explicativo es bajo. Basta con decir que un fenómeno es social o cultural para acabar con un debate. Pocos se preguntan luego qué significa exactamente que algo sea social o cultural, o cuáles son las implicancias ulteriores.
Consideremos por ejemplo la tesis de que nuestra inteligencia tiene un origen social o cultural. Aceptar esta idea es tentador, pero ¿cuánto explica esta teoría sobre el fenómeno? ¿Significa que si unos organismos se juntan durante un tiempo a la larga aparece la inteligencia? Y por qué aparece en los humanos y no en las hormigas, que son muchas más y estuvieron más tiempo juntas? Si el fenómeno es cultural, ¿diferentes culturas tienen inteligencias diferentes? Y que hay del origen de estas tendencias sociales o culturales: ¿hay un líder que disemina los factores que terminan en la inteligencia? ¿O se trata de un fenómeno azaroso? En mi opinión, las explicaciones sociales solo agregan más preguntas, pero muchas de las respuestas permanecen ausentes, sospechosamente ausentes.

En cambio, cualquier ensayista que propone el origen genético de algunos cambios la suele pasar mal. Inmediatamente es obligado a proveer pruebas infinitas de sus afirmaciones. Se lo muele a preguntas sobre las implicancias de su teoría. Y por supuesto, se lo reinterpreta o malinterpreta para poder acusarlo de tener objetivos simpatéticos con la SS y el Dr Mengele. Finalmente, estas reacciones terminan siendo útiles, ya que obligan al proponente a ser muy serio con sus teorías, y no adoptar posiciones extremas fácilmente refutables. Y de hecho, esto es lo que ocurre. Los defensores de la genética y la evolución como base para entender los fenómenos en realidad no dicen, como tienden asumen los políticamente bienpensantes, que “todo es genético, determinístico e inevitable, y hay que matar a todo lo que no mejora nuestra especie”. Más bien, la conclusión más generalizada y sistemática es que “lo genético” y su interaccion con el medio ayuda a entender muchas cuestiones. Por ejemplo, van décadas de estudios que siguen dando por resultado que aproximadamente la mitad de la variabilidad de las personalidades se explica por los genes. Ni el 12%, ni el 78%, ni el 0% ni el 100%. Siempre encuentran que es la mitad. Por lo tanto, los genes importan bastante. El problema es que la explicación tradicional de las ciencias sociales es que los genes importan NADA en ciertos ámbitos y TODO en otros. Si naciste con un brazo de más, reconocen que es 100% genético. Si te sentís mal y te duele la cabeza, es 0% genético. Esta lógica binaria, como casi cualquier otra, es fácil de refutar, y eso es lo que hicieron muchos científicos últimamente.

Ahora, vamos al libro. Pablo M. y Lucas LL. (es LL. o L.? pregunto porque mi segundo apellido es Llambí), no parecen muy contentos con 10.000 years. Pablo M. fue amable pero Lucas L. o LL. se animó a hablar de chamuyo. I beg to differ. Me gustó mucho el libro. Dice las cosas sin rodeos, presenta una teoría bien concreta y clara, y aporta la información suficiente como para evaluarla más por lo que explica que por una catarata de citas. Con razón, Pablo M. dice que la biblio es relativamente pálida, pero esto es esperable cuando asistimos a una idea nueva y que se enfrenta al conventional wisdom. Pasa mucho: hay bibliotecas defendiendo ideas cuya falsedad se demuestra en pocos artículos, como es el caso de la tabla rasa (nacemos sin nada en el cerebro), el creacionismo (la tierra tiene 6.500 años), o la homeopatía (el agua tiene memoria). Por supuesto, en el caso de “The Horse…” la bibliografía extensa era necesaria porque es una investigación bien específica con miles de ramas, y porque el autor quería asegurarse de que nadie lo criticaría por falta de enciclopedismo. A mí me pareció que 10.000 years evita esto casi a propósito. La mayoría de los reviews (incluyendo al de John Hawks, uno de los más capitos de los paleoantropólogos) coinciden en que los argumentos son sólidos pero están escritos en un lenguaje divulgativo. El libro es la introducción, los detalles requieren meterse un poquito más adentro.

Mirando los comentarios sobre el libro en Amazon, podemos encontrar clarito las dos posiciones mencionadas más arriba. Un grupo dice que se trata de un libro que condensa muchos temas en pocas páginas, y que es claro y bien argumentado. Varios dicen incluso que no aporta nada nuevo, pero que igual es una buena intro. Del lado de las críticas, encontramos un grupo que, como Pablo M., dice que le gustarían mejores argumentos porque hay ideas especulativas. Fair enough. Pero después están los gurkas que acusan a los autores de racistas y al libro de peligroso por el solo hecho de mencionar la palabra “gen”. Una pena. Yo entiendo que son hijos de Gould y Lewontin, pero si bien ellos eran divinos políticamente, estaban equivocados.

Un par de específicos. El tema de que hay evolución reciente no parece oponer resistencia. Es un hecho demostrado que nuestra genética no solo cambió, sino que en los últimos 20.000 años lo hizo a un ritmo mayor al que jamás experimentamos en 2 millones de años. Una razón es que somos más, y por lo tanto hay más mutaciones. Se trata de cambios en la frecuencia de los genes debido a los cambios del contexto debidos a la nueva comida (agricultura), o las nuevas enfermedades (ciudades). El cambio genético reciente en la resistencia a la lactosa es un hecho. El 90% de los noreuropeos hoy resiste, antes nadie. No entiendo bien qué más hay que explicar. Y de paso, ¿cuál sería la explicación alternativa social/cultural? ¿Alguien nos convenció de que tomar leche no nos hace mal? ¿Vimos mucha publicidad de Sancor sobre los beneficios del calcio? Otro hecho incontrovertible es el gen de resistencia a la malaria. En Africa subsahariana hasta el 95% de algunas poblaciones se banca la malaria. En Europa, el 5%. ¿En qué sentido esto no es evolutivo? Aparece la malaria, y un gen por casualidad la soporta. La mayoría muere, los que tienen el gen no. End of story. End of history. Otras diferencias genéticas tienen ventajas evolutivas claras (pigmentación de la piel, resistencia a la altura), y otras no tanto (diferente tipo de cera en los oídos). Los autores hipotetizan sobre algunas, y aseguran que son adaptaciones a los cambios de entorno. ¿Cuál es la otra opción?

Pablo M. comentaba sobre la falta de ventaja adaptativa de los ojos claros, seguramente porque es un amante de las películas rusas. Pero cada vez hay más evidencia de que los de ojos azules tienen un ancestro en común. Las razones adaptativas no están probadas, pero dos tesis posibles son que fuera atrayente para el sexo opuesto, y/o que vino junto con la pigmentación blanca de la piel, evolucionando como un subproducto. Pero ojo (je je), una explicación no probada no implica que cualquier alternativa sea buena.


Termino suavizando un poco mi postura. Me gustó la propuesta de los autores. Me gustó la valentía y la importancia de la tesis. Me gustaron las implicancias a investigar. Seguramente, vamos a tener que mirar mucha más evidencia de la que tenemos hasta ahora. Pero qué es más interesante, (i) ¿buscar evidencia sobre si una roca de Tanzania es del Precámbrico o del Oloceno; (ii) ¿descubrir en Hegel el origen de nuestros males como sociedad?; o (iii) estudiar la importancia de la interacción de los genes y el entorno para nuestro desarrollo tecnológico, para nuestro conocimiento de la sociedad, y para la ideología de un grupo? Los autores buscan hipótesis testables, no generalizaciones, y ellos mismos lo reconocen en los reportajes que dieron. Como dijo uno de ellos al responder sobre la certeza de uno de sus argumentos: “esta línea de análisis es aproximadamente tan sólida como el Citibank”.

Thursday, April 3, 2014

Cambio de libro, cambio de libro!

Por indicación muy enfática de Lola Cardoner, entusiasta participante de este foro, pasamos a bibliografía obligatoria el de Roux y a bibliografía optativa el de Kramer. ¿Queda claro? De todos modos los dos están en la solapa de la derecha.